Recomendaciones para el tratamiento mediático de las adicciones

La Municipalidad brinda una serie de consejos a tener en cuenta para hablar sobre esta temática de forma adecuada.

La Municipalidad de Salta brinda una serie de recomendaciones a tener en cuenta para abordar correctamente la problemática de las adicciones.

Patricia Suárez, responsable del Plan de Abordaje Integral de las Adicciones, manifestó que “lo primero que observamos en los medios de comunicación es que no hay una discriminación de las palabras y se usan términos de manera no adecuada por lo que se genera desinformación y confusión en la población. Por ejemplo, el uso de la palabra droga en singular, porque no hay una sola droga. También escuchamos la palabra “flagelo”, cuando en realidad no es un flagelo o un combate, sino que hablamos de problemáticas asociadas a las cuestiones de desarrollo humano y de salud”.

Asimismo, la especialista indicó que “pensar que cualquier persona necesita una internación, cuando es el último recurso y debe ser utilizado responsablemente y las únicas personas que pueden hacer esta recomendación son los profesionales capacitados en el tema”.

Entre otro de los aspectos advertidos por la funcionaria, se encuentra la asociación de los consumos problemáticos con la juventud o grupos sociales de sectores vulnerables. “Cuando se trate el tema debemos evitar que sea un show mediático y sin la seriedad que el tema requiere. Hay que empezar a utilizar la palabra dependencias, porque nos abre el pantallazo a la dependencia emocional, codependencia y el uso no responsable de las nuevas tecnologías”, sostuvo Suárez.

Recomendaciones:

  1. Conocer las diferencias entre abuso de drogas, consumo problemático y adicción

Todo consumo problemático o adicción es un síntoma, habla de un padecimiento y siempre tiene que ver con quién es la persona, su cuerpo, el contexto y su trayectoria de vida. No es un tema de voluntad individual.

 

  1. Hablar de drogas y no de “la droga”. Especificar cuál es la sustancia y sus características

El genérico “la droga”, especialmente cuando es atribuido únicamente a aquellas que son ilegales, obstaculiza la comprensión de la problemática y limita las alternativas de acción. En todos los casos se trata de sustancias psicoactivas con las que se pueden establecer vínculos problemáticos y/o relaciones de dependencia. Se sugiere no utilizar las siguientes calificaciones: “drogas blandas” o “drogas duras”, “drogas livianas” o “drogas pesadas” “drogas adictivas”.

 

  1. Saber que el alcohol también es una droga

Es importante no naturalizar, banalizar o frivolizar el consumo de alcohol. Es de vital relevancia resaltar que -aun siendo legal y de venta libre el alcohol es una droga, al igual que el tabaco y los medicamentos. Con lo cual es falaz hablar de “el alcohol y las drogas”. El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida y lidera las estadísticas a nivel nacional, regional y mundial de morbilidad y mortalidad asociadas a su consumo.

 

  1. Diferenciar a las personas que consumen (demanda) de las redes de narcotráfico (oferta)

La reducción de la oferta se centra en hacer frente al tráfico de drogas ilegales. No comunicar de manera adecuada esta diferencia, genera una confusión que concibe a la seguridad como la estrategia más eficaz ante ambas dimensiones de la problemática.

 

  1. Conocer las distintas modalidades de atención y tratamiento de las personas que atraviesan consumos problemáticos o adicción

La internación no es la única modalidad de tratamiento. Es primordial comunicar que existen distintas modalidades de tratamiento: centros y hospitales de día, dispositivos residenciales, espacios terapéuticos individuales y grupales, desintoxicación en espacios de salud, así como un conjunto de prestaciones y acompañamientos de tipo ambulatorio que realizan tanto en instituciones públicas y privadas como en organizaciones de la sociedad civil y comunitarias, debidamente habilitados por el órgano correspondiente.

 

  1. Comunicar en la diversidad, pluralidad de voces, con fuentes confiables y con conocimiento del tema

Es importante incluir voces de fuentes validadas, ya sea de especialistas del campo de la salud, salud mental y adicciones o de la investigación, de expertos/tas del tema y o de referentes de organizaciones sociales con trayectoria, que puedan aportar claridad y comprensión a la temática.

 

  1. Establecer criterios editoriales que no encasillen las noticias vinculadas a consumos problemáticos en las secciones de policiales o seguridad

Las intervenciones para la prevención y el tratamiento de las problemáticas de consumos de drogas deben ser diferentes a las que se utilizan para los delitos o crímenes. Cuando se vincula drogas con delito y criminalidad se corre el peligro de caer rápidamente en estigmatizaciones.

 

  1. Procurar un tratamiento respetuoso de las personas

Se recomienda evitar emitir juicios morales o modos de referirse a las personas con problemas de consumo de drogas que puedan generar victimización o criminalización, especialmente cuando se trate de niños, niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres. Es por ello que sugerimos no utilizar calificaciones y sustantivaciones. Calificativos que se sugiere evitar: “adictos”, “drogadictos”, “usuarios”, “consumidores”, “víctimas”, “enfermos”, “mulas”.

 

  1. No centrar el problema en los y las jóvenes, en particular de sectores vulnerables

Es fundamental cuando se habla del tema no hablar solo sobre el consumo en la juventud sin hablar del consumo los adultos.

Es importante no dar ideas o información innecesaria sobre cómo se consume o qué producen las sustancias en horarios de protección al menor.

Se recomienda no estigmatizar un territorio o un grupo etario específico sino comunicar siempre en vinculación con lo que pasa en otras edades, otros lugares y distintas clases sociales.

Es fundamental comunicar que no todos los jóvenes consumen sustancias psicoactivas, ni es un problema solamente de los sectores populares.

 

  1. Desvincular la violencia del consumo. La violencia precede al consumo de drogas

Las causas de violencia exceden a los consumos y tienen muchas veces que ver con relaciones de poder históricamente naturalizadas en nuestra sociedad. En varias ocasiones los efectos de los consumos desinhiben algunas conductas y facilitan que estas violencias tengan otra magnitud, pero no es el consumo el que origina la violencia. Si se habla solo del consumo se pierde la posibilidad de complejizar las dimensiones de esas violencias.

  1. Incorporar un tratamiento con perspectiva de género y diversidad de los consumos problemáticos

Resulta imprescindible plantear una comunicación que reduzca las desigualdades de género en relación a los consumos de las mujeres y las personas LGTBI+, que interpele las prácticas y estereotipos de género en torno a los consumos, y promueva estrategias específicas de cuidado. Por ser mujer se las culpa por consumir y porque esto es incompatible con los mandatos hegemónicos que las ubican en el lugar del cuidado de otras personas.

 

  1. Procurar coberturas no estigmatizantes

Los estigmas se construyen en base a prejuicios, etiquetamientos y estereotipos que finalmente culminan con situaciones de discriminación y/o exclusión. Algunas frases que deberían evitarse: “la droga para los pobres es mala y para los ricos es diversión”, “los jóvenes roban y matan porque están drogados”, “la droga lleva a la delincuencia”, “las personas (en especial los jóvenes) se drogan para robar y roban para drogarse”; o “soldaditos-narcos”, “narco-travestis”, “delincuentes” para referirse a personas.

 

  1. Evitar el escenario bélico y nombrar a la droga como “flagelo”

Muchas veces se habla del “flagelo de la droga” como algo a combatir. De este modo la droga queda como un ente autónomo y externo que infecta o contagia a un cuerpo social sano. Es importante ubicar el consumo de drogas en relación a la cultura de la época. Es sabido que el discurso de la guerra contra las drogas no sólo no ha dado resultados positivos en la reducción de la demanda, sino que además conlleva reduccionismos que estereotipan prácticas de consumo y estigmatizan a las personas que consumen.

 

  1. No desarrollar enfoques espectacularizantes

Abordar la temática desde una perspectiva informativa y concientizadora, evitando el sensacionalismo, el morbo y la ridiculización.

 

 

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